La Selección Nacional, sin alma ni rumbo mundialista

La Selección Nacional, sin alma ni rumbo mundialista
La Selección Nacional de Honduras volvió a decepcionar. La “H” se ha convertido en esa novia de pueblo que deja a su afición vestida y alborotada. El pueblo hondureño, que hace sacrificios económicos para asistir al estadio donde mil lempiras pueden significar una semana de comida, vuelve a salir con el corazón roto y el bolsillo vacío.
Aun así, el hondureño, fiel e incrédulo, llena las gradas confiando en que el sueño mundialista sigue vivo en los corazones de los convocados. Pero la realidad golpea fuerte: no se ven las ganas, no se ve el compromiso, no se ve la ilusión.
En 98 minutos, apenas dos disparos al arco bastaron para que el técnico Reinaldo Rueda calificara el resultado como “un punto importante”. Palabras que suenan huecas para una afición que ya no quiere discursos, sino actitud y resultados.
El planteamiento fue tímido, sin ideas y sin alma. Una presentación nacional sin intensidad ni coraje, reflejo de un equipo que parece haber olvidado lo que significa vestir la camisa de Honduras.
Porque más allá del marcador, duele la indiferencia, duele la falta de orgullo, duele ver cómo un país entero sigue creyendo mientras los protagonistas parecen haber renunciado a soñar con otro Mundial.




