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Lo que no debe pasar en el fútbol.

La profesión futbolística es pasajera. Un día un jugador defiende una camisa y mañana puede vestir otra. Son pocos los casos de futbolistas que permanecieron toda su carrera en un solo club, como Francesco Totti o Marco Reus. Pero en el fútbol moderno también existen intereses deportivos, económicos y profesionales que forman parte de la realidad del juego.

En la Liga Nacional de Honduras, muchos futbolistas sueñan con llegar a los equipos capitalinos, ya sea por estabilidad económica, oportunidades en selección nacional o la posibilidad de dar el salto al extranjero. Por eso, situaciones de tensión entre dirigentes terminan afectando la imagen del fútbol hondureño.

La reciente polémica, donde el presidente de Potros de Olancho habría impedido el ingreso del gerente deportivo de Motagua, Emilio Izaguirre, calificándolo como “no grato” en tierras olanchanas, vuelve a abrir el debate sobre la convivencia dirigencial en el campeonato nacional.

Si la Liga Nacional busca construir pactos de paz entre las barras y promover la convivencia en los estadios, también debería trabajar en la conciliación y el respeto entre directivos. Al final, todos persiguen un mismo objetivo: hacer crecer el fútbol hondureño y fortalecer el espectáculo deportivo.

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