Kervin Arriaga nunca estuvo.

Kervin Arriaga nunca estuvo.
El futbolista catracho de antes se distinguía por amar la camiseta, por entender que vestir la Selección era un honor más grande que cualquier club. Pero los tiempos han cambiado, y jugadores como Kervin Arriaga parecen pensar más en regresar rápido a su equipo que en defender los colores de su país.
Los verdaderos guerreros —los de antes— pagaban sus propios boletos, dejaban clásicos importantes y se entregaban por completo solo por jugar una eliminatoria. Ellos sabían que un Mundial se pelea con corazón, no solo con talento.
Pero Arriaga, como muchos de esta generación, deja claro que su prioridad es donde recibe su salario. Y sí, es cierto que del amor nadie vive… pero sin pasión, sin entrega y sin sangre por la camisa, jamás se llegará a un Mundial.
La Selección necesita hombres comprometidos, no figuras de cartón.




